martes, 25 de mayo de 2010

LA TRINIDAD ES NUESTRA FAMILIA

Dijo Jesús: (cf. Jn 14 y 16): «Mirad a vuestro Padre, id hacia Él, vivid bajo su luz. ¿Por qué? Porque vuestro Padre os ama. El amor del Padre os envuelve. A cada instante nos mira con amor. Voy al Padre. Vengo de él y vuelvo a él. Seguidme, o más bien no me dejéis: puesto que vivís conmigo, venid conmigo al Padre».
Nuestro Señor nos ha dado testimonio de su amor al Padre, del amor que el Padre tiene por Él. Nos dice: Os aseguro que os ama.
¡Qué fuente de consuelo y de alegría! No estamos nunca solos. Tenemos experiencia de ello, tenemos sobre todo la palabra de Nuestro Señor: os ama… El Espíritu Santo que habita en nuestras almas ora así: ¡Abba, Padre! Es Espíritu filial que nos hace volver hacia el Padre. El Espíritu habita en nuestras almas para hacernos penetrar en la intimidad de la Trinidad. Jesús, por la vida que derrama, quiere que nos identifiquemos con Él, quiere hacernos entrar en la Trinidad. En ella, Él habita como Hijo, y nosotros entraremos como hijos adoptivos, por medio de la gracia.
La Trinidad es nuestra familia, de la que ya formamos parte por la fe. ¡Qué luminosa oscuridad! Jesús dijo: «Nos manifestaremos». Promesa segura de nuestro Señor, vida de nuestra gracia bautismal, que hacemos realidad por la fe (I 1-5-66; 13-6-65).


Os comparto esta pequeña explicación de la imagen de la Trinidad de la hermana Cáritas Müller que he puesto y que me gusta mucho.

"La Trinidad Misericordiosa" nos remite al carácter trinitario de Dios en su relación con el ser humano: el Padre, en el círculo a la derecha, se vuelve hacia nosotros, nos acoge y abraza, oye nuestras súplicas y nos envía; en el círculo de la izquierda está el Hijo, que asumiendo nuestra frágil condición, viene a nosotros y nos manifiesta, en el servicio al prójimo, su inmenso amor; arriba: el Espíritu Santo, que nos alienta, abre nuestros ojos y nos muestra nuestra misión actual. En el centro, hay una figura humana que nos representa a todos que, con nuestras fragilidades y miserias, nuestros problemas y limitaciones, siempre somos amparados y abarcados por la misericordia divina".


domingo, 23 de mayo de 2010

TODO CRISTIANO TIENE DERECHO...

¡Ya vino! Porque estoy segura de que le habéis llamado.
Os pongo el último texto, por ahora, del Espíritu Santo. Que tengamos un bonito, sencillo y profundo Tiempo Ordinario, donde vivamos el día a día de nuestra vocación con paz y alegría porque sabemos con quien podemos estar seguros de contar.


Todo cristiano, por el hecho de tener una función, posee un derecho estricto a la asistencia del Espíritu Santo, para cumplir perfectamente las funciones que le son confiadas. Esta asistencia del Espíritu Santo puede darse sin que vaya acompañada de dones extraordinarios, únicamente con el organismo de la gracia que hemos recibido en el bautismo.

El apostolado perfecto exige esta asistencia del Espíritu Santo. El apostolado es una colaboración; no una colaboración exterior que se limite a un momento o a un acto particular, sino una colaboración constante. La función del apostolado que tenemos que cumplir en la Iglesia, entendida de este modo, es decir, como realización de los deberes propios de nuestro estado, es una función constante. En consecuencia, tenemos derecho a esta asistencia del Espíritu Santo; podemos recibirla y Dios nos la concederá ciertamente si nos hacemos merecedores de ella.
Para obtenerla, lo primero que se necesita es desearla... La primera preocupación del apóstol, a semejanza del obrero que pone manos a la obra, ha de consistir en prepararse para llegar a ser un apóstol perfecto, en asegurar esa colaboración. El primer deber no ha de ser necesariamente el de obrar; aunque sin duda ha de hacerlo, pero el primero de sus deberes ha de ser obrar bien, desarrollar su gracia y su unión con Cristo, a fin de que su acción sea realmente valiosa y eficaz, para que sea en verdad la acción de un apóstol, es decir, una colaboración íntima.

viernes, 21 de mayo de 2010

COLABORACIÓN HUMANA, INTELIGENTE Y LIBRE.


La Iglesia no es obra nuestra; la obra espiritual que se nos confía o que queremos llevar a cabo no es nuestra obra: es la obra del Espíritu Santo. La realizamos en calidad de instrumentos, en manos de un agente principal que es el Espíritu Santo.
Nuestra colaboración es instrumental, pero con todo, sigue siendo una colaboración humana.
No somos, en las manos de Dios, simples instrumentos, simples herramientas, como las que un obrero utiliza en su trabajo. Al hacernos apóstoles no renunciamos a nuestra capacidad de hombres. Nuestra cooperación instrumental sigue siendo humana, es decir, entraña el ejercicio de nuestra inteligencia, de nuestra libertad y de todas nuestras cualidades humanas. Debemos actuar con nuestra inteligencia y nuestra voluntad; Dios nos pide que las apliquemos. No quiere tener en sus manos un instrumento sin vida. La técnica moderna lo dosifica todo y llega a hacer del hombre una máquina; Dios, en cambio, nunca lo hace.
Nos ha creado hombres, nos ha dado una inteligencia, y quiere que utilicemos nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestra libertad en su servicio, en las obras más delicadas y nobles que pueda pedirnos, para que actuemos libre e inteligentemente junto con él. Quiere una colaboración inteligente y libre. ¡Es un misterio!

martes, 18 de mayo de 2010

EL CRISTIANO HABITADO POR EL ESPÍRITU

El cristiano está habitado por el Espíritu Santo. Hoy nos sentimos inclinados a distinguir a los cristianos por otros aspectos: un cristiano, diríamos, se distingue por las virtudes exteriores o por la alegría que irradia su rostro, o por otra cosa; pero la única distinción que establece san Pablo es la inhabitación del Espíritu Santo.
Y siempre que hace referencia a la moral, siempre que quiere impartir un precepto moral, trátese del respeto que debemos a nuestro cuerpo o de cómo debemos relacionarnos con el prójimo, se apoya en esta verdad fundamental: respetad vuestro cuerpo porque es templo del Espíritu Santo; respetad al prójimo, porque el prójimo, el cristiano, es santo: santo por su santidad personal, tal vez, pero santo sobre todo, porque se halla habitado por Dios, habitado por el Espíritu Santo.
Esa  presencia del Espíritu Santo en nuestra alma es una presencia activa. El Espíritu Santo es una llama, es un sol que proyecta continuamente sus rayos; es una fuente que siempre mana, es la vida de nuestra alma, la gran realidad de nuestra alma.

jueves, 13 de mayo de 2010

Un 13 de mayo ¿cómo no pensar en la relación de María con el Espíritu Santo? Ella fue sin duda su mejor y más incondicional colaboradora. Por eso la llamamos: ESPOSA DEL ESPÍRITU SANTO.

NECESITA NUESTRA COLABORACIÓN

El Espíritu Santo no es solamente alguien a quien servimos; no es una estatua a la que rendimos nuestro homenaje, ni un gran maestro que saludamos de lejos, cuya influencia no sentimos y que en realidad no se interesa por nosotros ni por el trabajo que se nos ha encomendado. No, él es el arquitecto, el constructor y el obrero: el trabajo que se nos pide es un trabajo de colaboración.
Esta colaboración es, en primer lugar, una colaboración necesaria. Jesús sube al Cielo y deja en la tierra a sus apóstoles para que construyan la Iglesia. Les pide que trabajen, y ese trtabajo de los apóstoles, que luego será el trabajo de todo apóstol, de todo cristiano en la construcción de la Iglesia, es una colaboración necesaria e indispensable.
No pensemos que es Espíritu Santo es lo bastante grande, lo bastante poderoso como para arreglárselas solo. Tiene necesidad de nosotros. Una de las leyes de la acción de Dios, incluso en el plano sobrenatural, consiste en no hacer nada por sí solo, en obrar contando siempre con la colaboración humana.
Acudamos a un ejemplo, el más importante, el de la Encarnación. El Verbo ha de encarnarse, ha de hacerse hombre para vivir en medio de nosotros. Es un prodigio absolutamente maravilloso que el Verbo se encarne, se haga hombre. Y para realizar este prodigio, ¿qué hace Dios? Pide la colaboración humana.
Podría parecer más honroso que Dios se hubiera encarnado dándose una humanidad creada por él mismo; no le habría sido difícil hacerlo; le bastaba decir: "Hágase." Pero Dios no hizo eso, sino que solicitó por medio del arcángel Gabriel la colaboración de la Virgen María, colaboración efectiva y maternal en el más pleno sentido de la palabra... María hubiera podido detener la realización del plan divino.
Esta colaboración necesaria nos sitúa ante nuestras responsabilidades.

viernes, 7 de mayo de 2010

VIVIR CON ÉL NO ES UN LUJO


La unión con el Espíritu Santo no es un lujo, no. En el trabajo cotidiano, las técnicas humanas tienen su importancia, pero lo primero que tenemos que hacer es unirnos con el que hace el trabajo. Esta unión se consigue con un acto de fe, pero solamente estos actos repetidos realizan verdaderamente la intimidad, la amistad con Él. Para trabajar hay que estar siempre con Él, ir hacia Él como por reflejo cada vez que queremos hacer algo.
Que siempre esté Él ahí, y que estemos siempre con Él (I 1-8-60).

miércoles, 28 de abril de 2010

¿CÓMO ATRAER AL ESPÍRITU SANTO?

En los primeros siglos de la Iglesia, la acción del Espíritu Santo en las almas y en la Iglesia adoptaba formas exteriores que la hacían manifestarse a plena luz. El día de Pentecostés el Espíritu Santo desciende en forma de lenguas de fuego, toma posesión de los apóstoles y, por medio de ellos, de la Iglesia. Afirmó su presencia por la transformación que experimentaron, y su poder por todas sus obras. Con frecuencia intervenía en la vida de la Iglesia… Era una persona viviente en el seno de la Iglesia y reconocido como tal: nos ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros, escribían los apóstoles. Con ello hacían alusión, en efecto, a su iluminación y a su decisión, que se manifestaban exteriormente.

Desde entonces parece que el Espíritu Santo se ha ocultado progresivamente en las profundidades de la Iglesia y de las almas. No sale de esta oscuridad más que en raras manifestaciones exteriores. Ciertamente, no hay decadencia de su poder y actividad. El cambio no atañe más que a sus modos de obrar. Siempre está vivo en nosotros, presto a difundirse, y nosotros siempre tenemos sus dones para recibir su soplo. Pero sea porque se ha ocultado o, más bien, porque, menos ferviente e inclinada hacia la tierra, la humanidad no ha pensado en servirse de su acción, es un hecho fácil de comprobar que el Espíritu Santo se ha convertido no sólo en un Dios escondido, sino también en un Dios desconocido, y que la ciencia espiritual que puede servirse de su poder por los dones ha sido ignorada durante largo tiempo por la generalidad de los cristianos.

La ciencia mística –pues tal es su nombre– ha sido, incluso, desacreditada, cuando no menospreciada, en los ambientes sinceramente cristianos. «¡Obra de la imaginación!, ¡ilusiones enfermizas!», se decía.

A esta ciencia mística se le ha devuelto el honor. El frío jansenismo ha desaparecido. El Espíritu de amor puede soplar de nuevo en las almas. El corazón divino se ha manifestado. Santa Teresa del Niño Jesús nos ha enseñado un camino de infancia que conduce a la hoguera de amor y busca una legión de almas pequeñas, víctimas de la misericordia. El Espíritu Santo vive en la Iglesia, su vida se difunde. Cristianos fervientes, incluso incrédulos, buscan esta vida, unos con un amor esclarecido y ya ardiente, otros con su dolorosa inquietud.

Partiendo del hecho de que la perfección está en el reinado perfecto de Dios en nosotros por el Espíritu Santo, toda la ciencia mística está en la solución de este problema práctico: ¿cómo atraer el soplo del Espíritu y cómo entregarse después y cooperar a su acción invasora? Es cierto que el Espíritu Santo es soberanamente libre en sus dones y nada puede coartar o disminuir su libertad divina. Con todo, hay disposiciones que ejercen una atracción casi irresistible sobre su misericordia, y otras que él exige como cooperación activa a su acción.

Hay tres disposiciones que corresponden a tres leyes o exigencias de toda acción de Dios en el alma. Estas disposiciones fundamentales, que regulan toda la cooperación del alma y que irán perfeccionándose a medida que la acción divina se desarrolle, son el don de sí, la humildad y el silencio.

viernes, 23 de abril de 2010

EL ESPÍRITU NOS HACE AMIGOS DE DIOS

Y nosotros...  ¿Conocemos la existencia de los dones del Espíritu Santo y sabemos lo que Dios puede hacer por medio de ellos? Al saber como trabaja el Espiritu Santo podremos darle la libertad para que Él trabaje como quiera.  

domingo, 18 de abril de 2010

EMPECEMOS CON UN ACTO DE FE


                   Después de unos días de descanso, empiezo de nuevo. Esta vez escucharemos al Padre María Eugenio hablarnos del Espíritu Santo. Quizás penséis que todavía es pronto... y quizás tengáis razón. Hoy en el evangelio, Jesús ya les enviaba el Espíritu Santo a los apóstoles... y es que sin el Espíritu Santo nunca podremos ser verdaderos seguidores de Jesús, que es lo que le pedía hoy a Pedro y nos pide a todos nosotros: "Sígueme" (última palabra del evangelio de hoy).
Pues para que nuestro seguimiento de Jesús sea firme, alegre y generoso necesitamos creer más en el Espíritu Santo, conocerle más para llegar a tener gran intimidad con Él y sea Él quien nos lleve de la mano por los caminos de la vida, para que vivamos movidos por el Espíritu. ¡No es broma! ¡Se puede!
Por eso quiero empezar pronto, para que poco a poco aprendamos a vivir con Él a cada instante y ¡veréis como cambia todo!
Leerlo despacio, y lo disfrutaréis mucho.


"Os invito a hacer un acto de fe en el Espíritu Santo que habita en nuestras almas. El Espíritu Santo no es un pensamiento o una realidad que vive en las regiones superiores; es alguien que habita en nosotros, que es la vida de nuestra alma, su aliento vivo; alguien que es el huésped de nuestra alma y que obra sin cesar en nosotros. Es una persona viva, inteligente, amante, que habita en nosotros. En consecuencia, debemos decidirnos a vivir con el Espíritu Santo, a dedicarle nuestro tiempo, a encontrarnos con Él con frecuencia.

No pidamos al Espíritu Santo, que nos revele su presencia por medio de manifestaciones exteriores como el día de Pentecostés, sino que se digne revelarnos su presencia, dándonos, al menos, la fe en Él.

Porque, como dice Nuestro Señor, el que tiene el Espíritu y cree en Él, ríos de agua viva manan de su seno (Jn 7,38), y en su alma se difunde el Espíritu Santo. Ríos de vida y de luz descienden sobre las almas por obra del Espíritu Santo, pero también gracias al alma que abre, por así decir, las exclusas divinas mediante la fe en el Espíritu Santo." (Mo 259-260)

domingo, 4 de abril de 2010

RESURRECCIÓN : TRIUNFO DE LA VIDA


¿Qué es la fiesta de la Pascua? ¿Por qué la Iglesia pone en nuestros labios el canto repetido del aleluya? Precisamente para cantar el triunfo de la vida de Dios, el triunfo pascual. Pues la vida triunfa en Jesús: Jesús sale del sepulcro, y su alma y su mismo cuerpo son glorificados. Y serán glorificados para siempre, pues Cristo resucitado ya no vuelve a  morir...
¡Misterio divino, impenetrable e incomprensible! Dios ha querido esa muerte para este triunfo, para ser "la muerte de esta muerte" y garantizar para siempre el triunfo de la vida.
Esta fiesta de la Pascua es la fiesta central del misterio cristiano y de nuestra liturgia, pues en ella se celebra la expansión y la irradiación de la vida divina hasta el final de los tiempos.
Este triunfo es el fundamento de nuestra fe, pues con él, Jesús ha afirmado su divinidad. Es también el fundamento de nuestra esperanza, pues esa vida que fluye de Cristo debe igualmente inundar cada una de nuestras almas y todo su cuerpo místico. Y ese triunfo es, finalmente, el fundamento de nuestro amor, pues , en la humanidad regenerada, nuestras almas de bautizados están unidas a Cristo y unidas unas con otras por los lazos de la caridad, que no es otra cosa más que la vida triunfante en Cristo Jesús.

sábado, 3 de abril de 2010

MARÍA, ESPERANZA EN LA NOCHE


María, estás sola, ya no tienes a Jesús. entras en la noche de la fe, pero en ella alimentas serenamente la esperanza... "Stabat Mater" Permaneces en pie, en tu alma reina la calma. Nosotros venimos a tu lado para consolarte y eres tú quien nos enseñas con tu serenidad y tu paz, con la fortaleza que irradia tu actitud.

Virgen María, tú nos muestras ya desde hoy el poder y la eficacia de la palabra sustancial que Jesús pronunció ayer desde la cruz: "Ahí tienes a tu madre" Realmente tú eres nuestra madre: nosotros queremos consolarte, pero al verte no podemos ser y no queremos ser más que niños.

Virgen María, Madre nuestra del Sábado Santo, sabíamos que eras para nosotros una madre tierna y bondadosa, pero nunca te habíamos visto tan grande, tan digna, tan fuerte, y a la vez tan dolorosa.. ¡Qué lección para nosotros! Lección de esperanza y de confianza.


Tú nos enseñas cómo hay que llevar el peso del sufrimiento para que sea verdaderamente eficaz y fecundo... con una esperanza siempre viva... una esperanza cuyo único punto de apoyo sea la palabra de Dios, la palabra de Jesús y que nos permitirá entrar en el misterio pascual de la Resurrección.

viernes, 2 de abril de 2010

VIERNES SANTO: NOCHE DEL CALVARIO


Esta mañana hemos salido de nuevo a tu encuentro. Como lo haríamos con un amigo, o un hermano al que amamos y que sabemos sumido en la prueba y el dolor, te preguntamos cómo has pasado la noche. No esperamos respuesta: la noche ha sido mala, dolorosa, abrumadora.

Permítenos, oh Jesús, acompañarte a lo largo de tu camino. Permítenos, Jesús, seguir tus pasos.

Tu silencio no nos basta. Queremos penetrar en tu alma, saber lo que en ella pasa; queremos que se esclarezca el misterio de tu cruz; queremos penetrar el misterio de la Redención.

Oh Jesús, luz, camino y vida nuestra, seguimos tus pasos con todo nuestro amor, con nuestro deseo de conocerte, con nuestra necesidad de asemejarnos a ti. Enséñanos. Que la luz de tu Pasión nos ilumine, la luz que brilla en ese misterio, en esa oscuridad.


Oh Jesús, sé tú nuestro maestro. El que sigue tus huellas no caminará en las tinieblas. Confiamos que nos darás tu luz para conocerte, para amarte más, para hacernos semejantes a Ti.


Yo te adoro, Jesús crucificado, libro vivo, libro de la Pasión, libro abierto de tu triunfo y de los triunfos de la Iglesia. Enséñanos el lenguaje de tu cruz. De esa cruz que siempre será escándalo, que siempre será locura. Incluso a nosotros cristianos que queremos seguirte, nos cuesta descifrar su lenguaje y recoger sus enseñanzas: nos cuesta sobre todo, aprender a aplicarlas a la vida. Sin embargo el lenguaje de la cruz es universal.


Jesús, déjame mirarte y escuchar tu oración: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen"; "Hoy estarás conmigo en el paraíso"; "He ahí a tu hijo"; "He ahí a tu Madre"; "Tengo sed"; y al final de su pecho oprimido sale un grito: "Todo está consumado. Padre en tus manos entrego mi espíritu". Es el grito del triunfo del santo, del triunfo de Cristo que ha vencido a las fuerzas del mal y que es glorificado por su Padre.




jueves, 1 de abril de 2010

LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO




Jesús amará a los suyos, a todos los cristianos, hasta el extremo; los amará desde la Eucaristía; los amará desde el sacrificio de la Misa, que se celebrará todos los día, y en la que los suyos podrán participar en su sacrificio por la comunión diaria.

Entregándose a nosotros, Jesús nos da la vida sobrenatural, la expande en nosotros, y al mismo tiempo acrecienta el potencial de esta vida espiritual y edifica la Iglesia. ¿En qué consiste esa vida que Él nos da? Esa vida es la participación, por la gracia, en su naturaleza divina. Jesús se da completamente a nosotros para que nos convirtamos en Él. Como lo hace resaltar san Agustín: Él es quien nos come. Él es quien nos recibe, nos asimila, nos hace ser Él mismo. Nos da, pues, todo lo que tiene, realizando progresivamente en nosotros la unión con Él, una semejanza de amor, una identificación con Él. Esta es la prueba suprema del amor. De esta manera, Jesús quiere elevarnos consigo hacia las cumbres, hacia la Trinidad Santa.

Hoy festejamos esta institución admirable, prodigiosa, que pareció escandalosa cuando nuestro Señor la dejó entrever después de la multiplicación de los panes.

Que suba nuestra gratitud hacia Dios nuestro Señor por haberse atrevido a crear este sacramento, por haber tenido la audacia de entregarnos su carne y su sangre a pesar del escándalo que pudo ocasionar y a pesar de las imposibilidades aparentes. Jesús lo ha desafiado todo… ha querido poner en juego toda su omnipotencia para entregarse a nosotros.

Agradezcamos a Cristo este don.

Jesús se ha querido reducir a una cosa, a una pequeña hostia. A nosotros nos toca humillarnos ante su majestad escondida. Nos toca humillarnos, purificarnos y acrecentar nuestra fe, para que este sacramento de Cristo, este don que Él hace de sí mismo, produzca su efecto pleno en nosotros.

sábado, 27 de marzo de 2010

PASCUA DEL PADRE MARÍA EUGENIO


Desde allí nos manda su mensaje para prepararnos a vivir esta Semana Santa. 

ESTAMOS HECHOS PARA DIOS
¿En qué consiste ser cristiano? Está claro que el cristiano es aquel que manifiesta su fe, su cristianismo, mediante el ejercicio de la caridad, su actitud exterior y el cumplimiento de sus deberes; pero esencialmente hablando, el cristiano es aquel que tiende hacia su fin, hacia Dios. El cristiano es alguien que cree que procede de Dios, que vuelve a Dios y que está llamado a participar en la vida divina, a perderse en la Santísima Trinidad. El cristiano cree en esto, cree que su verdadera vida no está aquí abajo, sino en el misterio de la Trinidad. Porque estamos hechos para Dios, estamos hechos para el Cielo, y el Cielo no consiste únicamente en encontrarnos de nuevo con aquellos que amamos: el Cielo consiste esencialmente en encontrar a Dios, en sumergirnos en el movimiento de la Santísima Trinidad.


La gracia nos hace hijos de Dios, y en el seno de la Santísima Trinidad viven el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; la gracia nos impulsa precisamente a identificarnos con el Verbo de Dios, con el Hijo de Dios. El Hijo de Dios se encarnó; es en él en quien hallamos nuestro fin; debemos procurar perdernos en él. Y es en él en quien hallaremos nuestra felicidad: ésta consistirá en identificarnos con él, en entrar con él en la Santísima Trinidad, en participar en sus operaciones y, con ello, de su felicidad. Ese es nuestro fin, en esto consiste el Cielo: no sólo en ser espectadores de Dios, sino en obrar con Dios obrando con el Verbo, con el Hijo de Dios. Ese es nuestro fin, así es la vida que no acabará, la vida del Cielo.

La oración, la unión con Dios, es ya vida eterna; es vida del Cielo, es realizar las operaciones que haremos en el Cielo. Nuestra vida aquí nos ha sido dada sólo para preparar aquélla, para ejercitarnos, para realizar ya desde ahora lo que viviremos en el Cielo. Lo realizamos en el ámbito de la fe, es decir, sin la fruición y el gozo; en el Cielo lo realizaremos inmersos en la visión y en la felicidad perfecta.
La oración no es, pues, algo accidental en nuestra vida; la oración es el acto cristiano por excelencia, es la preparación de nuestra eternidad, es la realización anticipada de las operaciones que realizaremos en la eternidad. (Mo 93-94)
Hace ya 43 años que el Padre María Eugenio está con Dios, viviendo feliz, gozando del Amor del Padre, unido a Jesús y enviándonos con Él al Espíritu Santo. Por fin ve a Dios y puede decir con san Agustín: "Ya conozco el don de Dios y lo que es el Cielo"

viernes, 5 de marzo de 2010

TESTIMONIOS

En el padre María-Eugenio veía a alguien que se tomaba a Dios en serio, un alma transformada en “zarza ardiente”.
Padre Vercoustre, O.P.

Querido Padre María-Eugenio:
Gracias por tu presencia en 1940: eras un simple teniente, silencioso, discreto, sonriente, radiante pero sin aureola (…) Gracias por haberte encontrado en mi camino de seminarista para animarme y enseñarme a orar.
Un sacerdote

Hay que considerar el libre Quiero ver a Dios del padre María-Eugenio del Niño Jesús como un clásico de la literatura espiritual del siglo veinte. Después de prácticamente medio siglo, sigue siendo actual. Fue escrito poco antes del Concilio Vaticano II, anticipando, por así decirlo, sus enseñanzas.
Card. Georges Cottier

Tenía una visión universal, católica en el sentido pleno de la palabra.
Padre Albert, carmelita.

Yo tenía entonces entre 11 y 13 años. (…) Crucé su mirada, y me impresionó la luz y la fuerza que irradiaba. Pensé: a un hombre como éste, hay que seguirlo o darle la espalda. Después descubrí que esta fuerza iba unida a una profunda suavidad, una bondad junto con una gran humildad.
M.J. Blanc

La oración unificaba su vida.
Padre Valentino, (padre carmelita que estuvo con el padre María Eugenio en Roma)

¿El padre María-Eugenio? Lo era todo para todos.
El electricista de Notre Dame de Vie

jueves, 4 de marzo de 2010

ME PRESENTO

Hasta los 28 años me llamé Henri Grialou, después Marie Eugène de l'Enfant Jésus. Sí, ya veis soy francés, de una región que se llama Aveyron. Justo después de ordenarme sacerdote, entré en la Orden del Carmen, en Avon, Seine et Marne. Casi no la conocía, pero san Juan de la Cruz me había hecho sentir una llamada imperiosa al Carmelo. allí encontré la mejor manera de consagrarme a Dios, siguiendo la gracia que Dios había puesto en mí. La oración fue el sol de cada uno de mis días y con los santos del Carmelo aprendí a amar a Dios y vivir en relación de amor con Él. Y esto dio sentido a toda mi vida. Enseguida sentí que el tesoro del Carmelo pertenecía al mundo y no sólo a unos cuantos... y decidí poner manos a la obra, y dar a conocer la profunda vivencia espiritual que esa estela de santos carmelitas nos han enseñado, dando un marcado carácter contemplativo a la Orden. Pero sin olvidar que Dios nos da para que demos, no para que acumulemos. Acción y contemplación tenían que darse la mano.
Aquí paro por hoy mi vida... Ya me conocéis un poco... Quiero empezar enseguida a entablar diálogo con vosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, al que no conseguí llegar.